Estaba esperando esa llamada, hasta que sonó mi teléfono y, por fin, pude volver a escuchar la voz de mi amigo. Habían pasado muchos meses desde la última vez que contactamos y no sabía nada de él.
Al escucharlo, enseguida supe que estaba bien y eso me hizo feliz. Cuando quieres a alguien de verdad, lo que más importa es saber que esa persona se encuentra bien.
Con una simple llamada telefónica podemos trasmitir tanto, conectar con esa persona y saber que estamos allí. A pesar de la distancia y el silencio de meses, volvemos a sentir la unión de la amistad. Ese tesoro que debemos valorar y cuidar; al final nos damos cuenta de que los verdaderos amigos son nuestra riqueza más preciada.
Hoy pude sentir emoción durante y después de la conversación. Al colgar el teléfono no pude contener alguna lágrima, de aquellas que son de sentimiento puro; que hacen remover el ser. ¡¡Qué regalo el que tuve hoy!!
Gracias, querido amigo, gracias, querido Raúl.
Volvimos a sonreír juntos al contarnos nuestras cosas, nuestro día a día, volvimos a encontrarnos en el punto que lo habíamos dejado y todo fluyó con espontaneidad.
La llamada duró, aproximadamente, una media hora, que por los interlocutores habría seguido sin tiempo; pero las obligaciones y compromisos interrumpieron y se hicieron presentes, dejando una estela mezcla de alegría y tristeza. Ambos sentimientos rondaban en el aire.
Cuando colgué el teléfono, sentí una emoción, como cuando se escucha una melodía y la misma te transporta, te hace volar, te dejas llevar, te pone la piel de gallina. Todo era real, la expresión de sentimientos humanos, que tantas veces dejamos de lado o ya no lo vivimos, porque, a pesar de estar en la era digital, no conectamos de verdad con las personas.
Aquí, hoy, en esta llamada telefónica entre dos amigos, uno en Perú y otro en España; donde no importa el espacio ni el tiempo, sino la conexión. Y ésta estuvo presente en todo momento durante, antes y después de esa llamada. Aún sigue latente, esperando a tener otra oportunidad.
Son cosas que sólo suceden si los interlocutores están en la misma frecuencia, en la misma sintonía y valoran la sinfonía que se crea alrededor.
¡¡Qué bonita melodía!! ¡¡Gracias, querido amigo!!
Barcelona, 24 de octubre de 2024
